Tuve
la oportunidad de ver recientemente el montaje Hamlet en el Teatro
La Castellana interpretado por un grupo de actores colombianos,
trabajo que, sin ser ninguna experta aunque sí asidua espectadora
de teatro, me atrevo a calificar como excelente, a pesar de uno o
dos de los actores que en mi modesta opinión hubieran podido
ser más contundentes.
Por eso leí con mucha atención el comentario que escribió Esteban
García
Garzón, publicado el miércoles 24 de mayo, en el que
esperaba encontrar nuevas guías para apreciar con mayor profundidad
el montaje.
Lamentablemente, encuentro que yo, sin ser crítica, ni artista,
ni intelectual, aunque sí una buena lectora y consumidora
de cine, podría haber escrito un comentario un poco más
responsable con los lectores y con la obra. Empecemos por la pregunta "¿Hamlet
para todos los públicos?" que
insólitamente titula
el comentario, con una especie de prurito mandado a recoger frente
a los clásicos, como si éstos solo pudieran
ser apreciados por una pequeña elite de eruditos. La respuesta
es un rotundo SÍ. No sólo Hamlet, todo Shakespeare
es para todos los públicos. De eso
estoy más
convencida después de ver este montaje y de leer el libro
con la traducción utilizada en él, que venden el hall
del Teatro, en cuyo prólogo
el traductor nos explica por qué Shakespeare es mucho más
cercano y actual de lo que pensaríamos, y que si el señor
García hubiera
leído antes de escribir su comentario, otro hubiera sido el
resultado.
Pero lo que me impulsa a escribir esta crítica a la crítica,
es la ligereza con la que el comentarista despacha uno de los componentes
de este trabajo que más me impresionó: el vestuario,
que para el señor
García "es lo más desacertado porque no permite
que se logre definir ningún
tiempo y hace de la obra un collage de estéticas que no ubican
al público
en la historia real". Con un poquito de cultura cinematográfica,
el señor García hubiera encontrado las claves para
entender la concepción de los vestuarios
de los personajes de la obra en la España y la América
de la primera mitad del siglo XX y los de la escena de los cómicos,
que aparece en la foto que ilustra el artículo, en el estereotipo
que tenemos todos de la "época de reyes y guerras",
que al parecer era lo que el señor
García esperaba encontrar en el montaje. Desafortunadamente
parece que el mayor referente que el señor García tiene
para calificar o descalificar soterradamente este trabajo son los
personajes que el señor Robinson Díaz
ha interpretado en la televisión.
Para cerrar con broche de oro, el señor García de manera
exagerada afirma que lo más cuestionable es "el carácter
escatológico
y violento que se ve durante toda la obra". Cualquiera podría
pensar, frente a semejante afirmación, que la obra es algo
así como Saló o
los 120 días de Sodoma de Passolini, sólo que en vivo
y en directo, y, en esta patria de doble moral, pedir que cierren
el teatro.
El señor García tiene, al parecer, una idea bastante
aséptica de Shakespeare. Bien valdría la pena que asistiera
a uno de los cursos que dictan algunas de nuestras universidades
sobre este autor para que apreciara la violencia y monstruosidad
que hay en la mayoría de sus
obras. Para no ir más lejos le aconsejo que le dé una
leidita a Macbeth, a ver si continúa con la misma idea después
de la escena del asesinato de los pequeños
hijos de uno de sus adversarios.
Afortunadamente el Hamlet que tuve la oportunidad de ver fue el que
están presentando en La Castellana y no uno concebido por
el señor
García, pues estoy segura que me hubiera pegado una aburrida
memorable, con diálogos acartonados e incomprensibles, con
vestuarios de época y con
todas las partes violentas o "escatológicas" recortadas.