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LA OBRA SIGUE EN TEMPORADA EN EL
TEATRO NACIONAL LA CASTELLANA

¿“Hamlet” para todos los públicos?
Esa es la cuestión

La historia del darma del príncipe de Dinamarca es llevada a escena por
actores de larga trayectoria en la televisión.


ESTEBAN GARCÍA GARZÓN
Para EL TIEMPO

El experimento o ‘el proyecto’, como los mismos creadores lo han llamado, tiene una propuesta interesante aunque en ciertos momentos es equívoco. La historia del drama del príncipe de Dinamarca y la caída de su reino es llevada a escena esta vez por actores colombianos de gran trayectoria en televisión.

La obra en términos generales es rescatable. El logro más claro de este montaje del director Martín Acosta es que la historia se comprenda en su totalidad y el público logre seguir los hilos de la trama.

Este esfuerzo de hacer que Shakespeare llegue a todo tipo de público es válido, pero en algunos casos se llega a sacrificar estilo por función. Existe en la totalidad de la pieza una simplificación del texto que a veces pierde su belleza hasta llevarlo a lo vulgar.

La intención de acercar al público colombiano al clásico por medio de tambora y clarinete y música popular de fondo, se presenta como una contradicción innecesaria cuando se habla de una Dinamarca en época de reyes y guerras. A su vez, el vestuario es lo más desacertado en la pieza porque no permite que se logre definir ningún tiempo y hace de la obra un ‘collage’ de estéticas que no ubican al público en la historia real. La escenografía plantea un espacio vacío donde pocos objetos ambientan las escenas. Se logra un buen distanciamiento con una pared levadiza que sube y baja ante la necesidad de momentos íntimos de los personajes. El piso del escenario en algunos casos permite la magia de aparecer y desaparecer a los actores de escena.

De la televisión a las tablas
Aunque la gran mayoría del elenco ha sido formado en el teatro, en ciertos momentos se ve la distancia con las tablas. Las interpretaciones, a parte de la dificultad del texto, se presentan bajo una propuesta de teatro psicológico, es decir naturalista, que no se logra desarrollar al máximo.

‘ Hamlet’, por ejemplo, representado por el reconocido Robinson Díaz, se confunde con personajes muy suyos de televisión aunque en ciertos momentos logra intensidad y emoción. Los personajes mayores como Humberto Dorado y Kepa Amuchastegui acentúan otra calidad a la escena, a diferencia de los jóvenes que en algunos casos son demasiado coloquiales.

Tal vez lo más cuestionable es el carácter escatológico y violento que se ve durante toda la obra. Imágenes de vómitos, orina, escupitajos ensucian la escena. Al igual que las relaciones violentas entre los personajes principales, que deterioran la calidad de la obra considerablemente. En cualquier caso es un experimento que merece ser visto y que busca otra relación entre los actores de televisión y el origen del oficio: las tablas.



EL TIEMPO Miércoles 24 de mayo de 2006

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