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Opiniones
FERNANDO GALINDO
Aunque
no pueda participar en el concurso, la verdad la tentación
de darles a conocer mis opiniones me derrota, fácilmente.
Como profesor quiero expresarles mi agradecimiento, a mis
muchachos les encantó la obra, fueron por su iniciativa,
sin presiones, sin notas, sin apoyo del colegio...
Como espectador
solo me resta decir que espero volver al teatro
y verla por
tercera vez.
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Una
de las principales cualidades que encontré en este Hamlet,
fue el respeto por la obra como tal. He visto otras puestas en
escena de Shakespeare y de otros autores clásicos, y si
bien en obras como las de Dostoyevsky es necesaria una adaptación
por las características mismas del texto, cambiar los hermosos
diálogos de Shakespeare, dejarlos de lado por las exhibiciones
acrobáticas para darle una prioridad absoluta a las imágenes,
me parece un despropósito. Una de mis desilusiones en el
Festival de Teatro a lo largo de los años ha sido esa, y
han sido varias por desagracia, la que más recuerdo fue “La
Gaviota” de Chéjov.
La traducción es un gran logro. Volver a traducir, a infundirle
vida a un texto, resulta esencial hoy más que nunca. Algunos
traductores, como los que traducimos filosofía, preferimos
la fidelidad al texto sobre cualquier otro criterio. La traducción
de la obra obró con varios criterios, sin quedarse enraizada
en la fidelidad, sin perderla, con la mira puesta en mostrarla de
forma clara, y lo consiguió. Hay, sin embargo, una barrera
que considero ineludible, y que acaso dé pie a cambiar los
textos: la magnífica síntesis de Shakespeare. No estamos
acostumbrados a un exceso de un ingenio, el lenguaje coloquial ha
hecho de las suyas en todas partes, incluso en la Iglesia. Seguir
en escena esas conversaciones, que cuando se leen obligan a detener
la lectura, no es fácil.
Hubo algunos recursos en la escenografía que me encantaron.
La muerte de Polonio debajo de la mesa; el combate entre Laertes
y Hamlet; el baño de Ofelia; Hamlet escuchando rock... No
sabría las palabras adecuadas, estoy seguro de que las hay,
para expresar mi opinión sobre la dirección de la obra.
Quedé encantado cuando los actores contratados por Hamlet
le dan la espalda a su público. Horacio y Hamlet describiendo
círculos con su bicicleta sobre la tumba, daban una impresión
tan fresca, tan sana en medio de la desolación... El ritmo
tropical de la canción de los sepultureros, super.
La actuación de Robinson me pareció fascinante, sin
embargo si tuviera que escoger entre todos uno, desde luego nadie
me obliga a una reducción tan absurda, no lo dudaría
ni un momento: Polonio fue el mejor, qué maravilla, la ridiculez,
la sinceridad, qué actuación tan portentosa, esa seriedad
y tranquilidad con que imparte los concejos a su hijo, esa malicia
(“Para peces de verdad...”), no sé cómo
escribir el nombre del actor, Kp, por favor felicítelo de
mi parte... quedé deslumbrado, nunca había visto un
Polonio tan maravilloso, sus chistes, caramba qué chistes
tan malos pero qué ingenio, que deseo para mostrarse erudito
en estupideces... me quito el sombrero, K.P, me quito el sombrero.
Hay algo en la actuación de Robinson que me despertó una
inquietud. Uno de los misterios de la obra es la locura de Hamlet, ¿era
el príncipe de Dinamarca un hombre cuerdo que fingiendo ser
loco se volvió loco? No lo sé, de cualquier modo, aunque
la locura que muestra es intachable, esa transición de fingir
loco a estar loco, a pesar de que en el texto está clara,
yo no la veo tan clara en la actuación; me pareció muy
abrupta y cuando leo la obra no me parece que sea así.
Podría seguir hablando del resto de los actores, sobre todo
de ese enfermero tan particular que entraba y salía... pero
creo que su paciencia no me acompañaría tan lejos...
Entonces, al punto.
Creo que le faltó manejo de voz a Laertes, esa seriedad parecía
muy fingida y era efecto de una voz a veces débil. Pero el
caso de Ofelia es distinto: su voz es estridente y la dulzura del
personaje ni comienza ni aparece en ningún momento. Esa actuación
contrastaba mucho con la de los demás, no sólo por
su voz. La voz de la reina y la de Hamlet descollaban, firmes, claras,
eran una con el personaje. En cuanto a la actuación me resulta
difícil lanzar una observación justa cuando la voz
me molestó tanto... Sé que a más de una persona
las escenas de la locura de Ofelia le pareció fuerte, he revisado
el texto y las alusiones sexuales son totalmente explícitas,
no es un artificio del director ni un emplasto o algo contrahecho,
pero carecen de toda altura por parte de la actriz... las escenas
de la locura son pésimas y no despiertan ninguna compasión;
la conversación entre los hermanos no suscita ternura alguna;
un hombre como Hamlet, como el que interpretó Robinson Díaz,
jamás se hubiera enamorado de esa Ofelia...
Como es de aburrido criticar así, quiero que sepan que no
lo hago porque me caiga gorda la actriz o tenga algo en contra de
ella, no, en ningún momento, trato de hablarle de su actuación,
no sé si cuanto diga le pueda servir, ojalá que los
concejos de Hamlet sí le sirvan, me cuesta trabajo pensar
en unos mejores, sobre todo porque no tengo ni idea de actuación
ni de técnicas ni de nada por el estilo...
Las dos veces que fui tuve la extraña suerte de invitar a
dos personas que ni habían leído Hamlet ni sabían
de qué trataba la obra. Y fue extraordinario, les encantó,
ahora las acompaña algunas de las palabras y aunque esas palabras
se pierdan quedaran las inquietudes como la mejor de las semillas
para frutos acaso desconocidos. Creo que esa es la importancia de
llevar a escena Hamlet, y las obras clásicas que detrás
de los atuendos muestran aquello que es perdurable pero que solo
se puede expresar en el movimiento, en la dinámica. Yo quedé envuelto
en la obra, mis alumnos también, de nuevo sentimos la inquietud
rondándonos. Spinoza sostuvo que entre las pasiones sólo
eran malas aquellas que nos sumían en la pasividad. Qué mejor
regalo entonces que darle vida, fuerza, a un público ávido
siempre de más. No lo duden, ustedes fueron los grandes triunfadores
del festival de teatro, no porque hubo muchas cosas malas, porque
aquí entre nos fue así, sino porque lo hicieron muy
bien y la quijotada de montar una obra así en nuestro país,
dará innumerables frutos. Yo lo siento como profesor, y por
eso de nuevo les doy las gracias.
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