Esta
expresión manifiesta en la escena XI del acto segundo,
de Hamlet, induce a pensar y asumir los múltiples caminos
hacia la interpretación. El texto nos muestra la intención
de Hamlet por descubrir la verdad. Una verdad que él espera
develar a través del artificio de la escena. Con ello
intentará acercarse a los intereses de poder que acabaron
con la vida de su padre. Hamlet, el personaje, aparece en el
panorama, como un hombre conocedor del “fin último” del
arte dramático. El arte, no es la realidad, sino una aproximación
a ella. Una abstracción del mundo, de las relaciones entre
los seres humanos. El arte dramático, un cúmulo
de lenguajes que nos llevan a leer la realidad desde diferentes
puntos de vista.
La compañía Hamlet – Colombia, toma la obra de
Shakespeare y asume el reto de la interpretación. Comprende
que la lectura de una obra es polisémica; y que siempre estará abierta
a diversos caminos de interpretación, a partir de las condiciones,
consecuencias, objetivos y realidades de sus productores. Una obra
con una estructura fuerte y homogénea es a los ojos del lector,
un mapa emocional que condiciona el sentido del drama, el espacio
en que los personajes se acercan, las ambiciones de poder que se
manejan y la perspectiva de mundo y de sociedad que asoma.
Respetar la estructura de una obra implica mirar el trasfondo de
las relaciones sociales, culturales y políticas que le sirven
de contexto. Implica, así mismo, comprender que el “texto
escrito” es provocador de la imagen. “El texto escrito”,
la palabra coge, verdadero, sentido en el momento en que las relaciones
que, por ella, se gestan en la escena, develan un universo de acción
y de pensamiento; una atmósfera de apariencia socializadora.
La compañía “Hamlet Colombia”, se plantea
una meta… un esfuerzo. Adaptar el texto clásico; el
discurso dramático, a la realidad nacional. De suyo esa pretensión
podría llegar a generar un fantasma pavoroso: la imagen caricaturesca
de una “nacionalización” prototipo de caricaturas
ramplonas. A mi modo de ver, ese es un primer éxito del montaje
de la compañía, por cuanto la cotidianidad misma del
lenguaje en el montaje, deja en la superficie de la lectura el sabor
de lo clásico, alejado de toda caricatura; incluso, del prototipo
de lo clásico.
El aporte de la compañía en tanto a la creación
de la atmósfera, se refiere, corresponde a lo fundamental
del arte: Elegancia con sobriedad. No se puede olvidar que el arte
escénico es una diáfana composición del espacio
en donde el movimiento de la escena y/o de los personajes corresponde
a la propuesta del montaje; propuesta que nos señala en medio
de la sobriedad, la imagen del claro oscuro; la profundidad del negro
tras de la que subyace la sed del poder. Propuesta que nos señala
en medio de la heterogeneidad del vestuario la forma, de repente,
frívola en que se disfraza el poder como un artículo
modal, en unos casos, o quizás sereno y protocolar, en otros.
Todas estas facetas de la condición humana, se abren en medio
del artificio del arte escénico. El ligero, pero muy sutil “aproche”,
que existe en la eterna “verdad de las mentiras” del
arte. Artificio que permite la vivencia entre la reflexión
y el sentimiento. Evento que estalla cuando en medio de los espectadores,
germina, así mismo, la confrontación entre el arquetipo
y la realidad. Bella lección de dirección de escena
desde el siglo XVI, para el mundo contemporáneo. Para un universo
que desde la especialidad, la crítica o la simple visión
del espectador parece despreciar o ignorar los verdaderos alcances
del arte dramático.
Los espectadores, los lectores de la propuesta de La Compañía
Hamlet Colombia, leen la propuesta; entienden el susurro a gritos
de Hamlet, en medio de los corredores de la platea, y responden en
medio de su silenciosa; pero ruidosa reflexión: “Que
la palabra corresponda a la imagen y la imagen a la palabra” o
lo que es igual: “Que la acción corresponda a la palabra
y la palabra a la acción”. Es allí en donde se
comprende que la palabra, más allá de ser un medio
al servicio de la comunicación, es un acto de vida. Un acto
de vida en donde las visiones, los pensamientos y las reflexiones
se hacen acto y propuesta en la estética y en las ideas. Ello
es lo que hace concreta, visible y perceptible una atmósfera.
Una atmósfera en la que la muerte o la locura se presentan
en medio de la desesperanza o la dulce ignorancia. Una es la muerte
como valor de compra y venta en medio de la transacción real.
Otra es la muerte en medio de la filosofía popular y las prácticas
rituales de la corte; tiene la muerte una marca en medio de lo que
se gana o se pierde; tiene la muerte una marca en medio de quienes
la ven como destino o como promesa divina. La marca de los dos guardias
quienes la ven o la vivencian como honor de guardia o como riesgo
de relax.
La serena reflexión de Hamlet… su diálogo que
marcha entre el público y dentro del postigo, también,
para pensar y sufrir el sentido de la vida y la muerte en su humanidad
y en la de los demás. Todas estas contradicciones nos llevan
a mirar la manera como el artificio de la escena deambula entre el
llanto y la sonrisa; entre el drama, la tragedia o el humor. La oposición
de sensaciones, sentimientos y expresiones que se da en los diversos
géneros de la narrativa o de la dramaturgia, se hace presente
en la obra de Shakespeare; y se encarna en la escena propuesta por
la Compañía Hamlet Colombia.
La compañía hace una lectura del drama humano; un drama
vívido en la escala de valores de cada uno de los personajes
que son la encarnación o representación de los distintos
pensamientos de la condición humana encajados en el imaginario
social o cultural.
El arte escénico es, a no dudarlo, un lenguaje figurado en
el que las pasiones, pensamientos, sentimientos y visiones de cultura
y sociedad afloran en cada gesto, en cada texto, en cada centímetro
de la atmósfera. Hamlet, en ese orden de ideas, resulta ser,
aparte del gran drama humano y político, una gran lección
del arte dramático, desde la propuesta escénica que
aquí se hace.
La puesta en escena es un medio para establecer comunicación,
a partir de los presupuestos de quienes hacen el montaje. Es la clara
interpretación de un “Texto Escrito”. Un lenguaje
figurado que tiene la lectura de un ángulo de la condición
humana. Una lectura realizada por el autor; una lectura hecha por
un traductor; una relectura hecha por un grupo; una reescritura en
la mente y la visión de un director; una composición
en la carne y en el movimiento de un grupo de actores, para que los
espectadores podamos enfrentarnos a la recomposición misma
del poema.
La Compañía ha propuesto su interpretación.
Una interpretación que huele a lectura, a sudor y trabajo;
una interpretación en donde se siente la presencia del cincel.
Fue a esa interpretación a la que me enfrenté y pude
leer a placer; fue a esa lectura ante la cual me complací siendo
cómplice de su construcción y reconstrucción.
Nunca me acerqué a ella como lector purista o fariseo; nunca
me acerqué a ella queriendo leer lo que mi pretensión
me indicaba o lo que mi “yoismo” seudo intelectual me
pedía. Ante esa lectura fui lector crítico no pasivo;
ante ella acepté, sentí, viví y algunas veces
me negué siendo “cocreador”.